
..., en la misma isla donde nací en los años 70´s.
Una de las siete Canarias, bañada por el Océano Atlántico, con una población de unos 900.000 habitantes repartidos entre sus 31 municipios, siendo el más extenso el de la Orotava. Son 207 km2 que acogen al Parque Nacional del Teide, Parque Natural de la Humanidad desde 2007. En el otro extremo tenemos el municipio más pequeño de la isla: Puerto de la Cruz, con tan solo 9 km2.
9 kilómetros son los que yo necesito para ser feliz, 9 kilómetros llenos de energía positiva, de días azules. Una insignificancia de tierra si la comparamos con el resto del planeta que abarca todo lo que yo necesito para ser feliz: mi familia. Sus calles las conozco como la palma de mi mano, calles salpicadas siempre de paisanos y forasteros, españoles y extranjeros.
Me oriento sin brújula, el mar y la montaña son mi norteysur. Las noches son estrelladas, frescas en invierno, tibias en verano...
Tenerife no es perfecta, está a mucha distancia de casi cualquier sitio, sólo hay que coger un Atlas para darse cuenta de ello. El uso del avión o el barco es necesario a la hora de viajar y el tráfico en la autopista es para echarse las manos a la cabeza: 35 km de distancia equivalen a 2 horas de colas por las mañanas. Para alguien venido del continente puede llegar a ser claustrofóbico, lo entiendo. Pero con sus virtudes y defectos, me declaro una enamorada de mi tierra.
Una de las siete Canarias, bañada por el Océano Atlántico, con una población de unos 900.000 habitantes repartidos entre sus 31 municipios, siendo el más extenso el de la Orotava. Son 207 km2 que acogen al Parque Nacional del Teide, Parque Natural de la Humanidad desde 2007. En el otro extremo tenemos el municipio más pequeño de la isla: Puerto de la Cruz, con tan solo 9 km2.
9 kilómetros son los que yo necesito para ser feliz, 9 kilómetros llenos de energía positiva, de días azules. Una insignificancia de tierra si la comparamos con el resto del planeta que abarca todo lo que yo necesito para ser feliz: mi familia. Sus calles las conozco como la palma de mi mano, calles salpicadas siempre de paisanos y forasteros, españoles y extranjeros.
Me oriento sin brújula, el mar y la montaña son mi norteysur. Las noches son estrelladas, frescas en invierno, tibias en verano...
Tenerife no es perfecta, está a mucha distancia de casi cualquier sitio, sólo hay que coger un Atlas para darse cuenta de ello. El uso del avión o el barco es necesario a la hora de viajar y el tráfico en la autopista es para echarse las manos a la cabeza: 35 km de distancia equivalen a 2 horas de colas por las mañanas. Para alguien venido del continente puede llegar a ser claustrofóbico, lo entiendo. Pero con sus virtudes y defectos, me declaro una enamorada de mi tierra.















